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| La investigación sobre este problema fue realizada por la FEGS con el apoyo de Mauricio Phelan | - Planteamiento resumido del problema
Superar las Desigualdades: el gran reto del siglo XXI Más que desigualdad hay desigualdades, entendidas éstas como la dispersión de una distribución sea ingreso, consumo, atributos de la población o indicadores de bienestar. La desigualdad remite a las brechas o a distancias que se establecen entre las personas o entre los grupos sociales. Estas distancias están definidas a partir del acceso o distribución inequitativo de bienes tanto en su cantidad como en su calidad. La desigualdad es sin lugar a dudas uno de los principales problemas que afronta América Latina y el Caribe desde el punto de vista social, económico, demográfico y político. Una primera aproximación a la desigual distribución de los bienes en la región puede hacerse a través de la evaluación del porcentaje del ingreso total que perciben los hogares. Si se toma el extremo inferior se observa que el 40% más pobre recibe, aproximadamente, el 13,6% del ingreso total, mientras que el 10% más rico de la sociedad recibe más del 36% del ingreso de los hogares de los países. Las cifras muestran que América Latina es un subcontinente pobre y fundamentalmente injusto, lo que la diferencia de otros continentes en los cuales si bien hay altos los niveles de pobreza, las desigualdades no son tan elevadas. Venezuela no escapa de este fenómeno, las desigualdades de ingreso, educativas, demográficas, laborales se mantienen con muy pocas variaciones desde décadas. La distribución del ingreso en el país para el 2002, muestra que el diez por ciento más pobre de la población obtiene el 1,4% del total de ingreso de los hogares. El diez por ciento de los hogares más ricos percibe el 37,4 % del ingreso total. Situación similar ocurre con los niveles de educación alcanzados, el tamaño promedio de los hogares, el empleo entre otros indicadores. El reto de todos los sectores públicos, privados, organizaciones de base, academia del país consiste en fortalecer los canales de participación y de comunicación para la construcción de una visión de un “nosotros” soportado sobre la ampliación de capacidades y de oportunidades como vía para superar las brecha sociales, económicas y demográficas existentes. - Conceptos y Definiciones
La desigualdad en ingresos, acceso a servicios, poder, es un aspecto predominante en los países de América Latina y ha sido prácticamente la misma durante las últimas décadas, a pesar de los cambios económicos, sociales y políticos. Con base a las Encuestas de Hogares, es casi una constante afirmar que el 10% más rico de la población recibe cerca del 45% del ingreso total, mientras que el 20% más pobre de la población apenas accede al 2% de ese mismo ingreso total. En el caso venezolano la situación no es diferente. En la última década se han evidenciado mejoras económicas, estrategias de crecimiento de desarrollo “hacia adentro” con puntuales intervenciones del sector público. Así mismo, se ha observado un incremento en el sistema democrático. A pesar de estos cambios, positivos en su mayoría, la distribución del ingreso permanece igual que décadas anteriores. Venezuela, al igual que el resto de los países de América Latina, mantiene valores de desigualdad altos: 37,4% del ingreso para los más ricos y 1,4% para los más pobres. Un primer aspecto que se debe considerar cuando se estudia la desigualdad, es que ésta no es sinónimo de diferencia. La diferencia está referida a una o varias características, atributos, que distinguen a personas o a grupos entre sí. Está asociada a la diversidad, definida ésta por elementos que abarcan lo cultural, lingüístico, étnico, entre otros muchos otros aspectos. La desigualdad remite a las brechas o a las distancias que se establecen entre personas o grupos sociales, definidas a partir del acceso o distribución inequitativo de bienes, tanto en el tipo como en la cantidad. La desigualdad es típica en los sistemas capitalistas pues dentro de éstos se produce y reproduce la división social, la fragmentación y el mantenimiento de grupos sociales con capacidades, recursos y posibilidades de satisfacción limitadas al acceso, igualmente desigual, que tienen de los bienes existentes. Para algunos autores la historia del capitalismo es la historia de la desigualdad. Si bien la desigualdad es muy antigua, en el caso latinoamericano aparece asociada a los procesos de conquista y colonización, que en la actualidad manifiestan nuevas situaciones. La desigualdad es un fenómeno complejo difícil de estudiar y, por lo tanto, de resolver. Hay varias manifestaciones o tipos de desigualdades y en ellas intervienen distintos tipos de factores. Pueden existir desigualdades sobre distintos tipos de bienes, desigualdades de ingreso, de calidad de vida, de estatus, de acceso al poder, entre otros. Es frecuente, en casi todas las sociedades capitalistas, que las distintitas expresiones de desigualdad se acumulen favoreciendo a ciertos sectores de la sociedad más que a otros. Por otro lado, las desigualdades pueden asociarse a la forma como se accede a los bienes. Se habla de desigualdad de activos cuando las personas o algunos grupos sociales tienen un acceso diferenciado sobre los recursos (ingresos, medios de producción, capital social, capital educativo) para apropiarse de los bienes. Desigualdad de oportunidades, cuando hay inequidad en los procesos y mecanismos (marcos jurídicos, leyes, impuestos) para la distribución de los bienes. Y desigualdad de resultados entendida como la asimetría en la distribución final de los bienes. Las desigualdades de resultado son aceptadas más fácilmente en un contexto social donde existe igualdad de oportunidades. Por el contrario, cuando las reglas, los procedimientos, no hacen la competencia por los bienes transparentes y equitativos, se genera descontento. Hoy en día se tiene certeza que no es suficiente con el establecimiento de un mecanismo igualitarista, que responda a un principio de reparto de carácter universalista, para reducir la desigualdad. El establecimiento de garantías de tipo general para que toda la población tenga acceso universal a la educación formal, no es suficiente para que repercuta en una dotación equitativa de una educación de calidad. Con el análisis de la desigualdad se asocia el de la pobreza y el del bienestar. Si bien desigualdad y pobreza están estrechamente asociadas, dado que mientras más desigual sea la distribución del ingreso mayor será el porcentaje de personas en situación de pobreza, la desigualdad es un concepto más amplio que el de pobreza, pues considera toda la distribución de determinado recurso en el conjunto de la población, y no en la distribución en personas o en hogares que sobreviven por debajo de los umbrales de pobreza. Esto quiere decir que cuando se mide la desigualdad, los ingresos de los sectores sociales altos y medios de la población son tan importantes como los ubicados en los sectores sociales bajos. Con relación al bienestar, si bien ambos conceptos incluyen el atributo en toda la población, la desigualdad se visibiliza más al ser independiente del promedio estadístico, al estar asociado con la dispersión de la distribución.[1] El estudio de la desigualdad resulta fundamental por cinco razones esenciales. 1) Estudios recientes señalan la existencia de una relación entre desigualdad y crecimiento. Las investigaciones – con fuertes evidencias empíricas – demuestran que cuanto más igual es la distribución de activos -tierras agrícolas, por ejemplo-, mayores serán las tasas de crecimiento[2] . 2) La reducción de las condiciones de pobreza es un proceso lento, mientras que la perspectiva de la desigualdad permite examinar las posibilidades de las políticas públicas para la reducción de la pobreza a través de efectos redistributivos, desde redes de protección social. 3) Investigaciones con evidencias empíricas analizan el impacto de la desigualdad con independencia del nivel de pobreza sobre indicadores demográficos y de salud. La desigualdad se asocia a patrones de reproducción tasas de fecundidad, tasas de mortalidad, tasas de morbilidad y causas de violencia.[3] 4) El acceso a los recursos está estrechamente vinculado con las condiciones de vida de las personas. 5) El análisis de la desigualdad es fundamental para ver la relación entre los recursos y el poder. 6) La consideración de desigualdad es inevitable porque desde el acceso desigual a los recursos y al poder, se pueden generar dinámicas de identificación colectiva - Perspectivas de análisis del problema
Como muchos conceptos de las ciencias sociales, la desigualdad se interpreta desde diferentes ángulos o puntos de vista, los cuales se han enriquecido con el aporte de investigaciones tanto teóricas como empíricas. Pero en todas las definiciones el elemento común es que la desigualdad está representada por brechas entre grupos sociales resultado de una distribución no igualitaria de recursos o servicios. Tres interpretaciones sobre la desigualdad socioeconómica. - Desde las capacidades y los méritos individuales. Las teorías individualistas hacen una lectura de la desigualdad desde el plano individual, centrándose en la distribución de diferentes atributos entre las personas y la manera como estas habilidades inciden sobre los resultados desiguales que se obtienen. De esta manera, la capacidad que tiene una persona para apropiarse de una parte de la riqueza depende de muchos factores. Estos factores pueden ser externos o internos a la persona. Lo externos son los activos (maquinarias, herramientas, dinero, tecnología) mediante los cuales se puede producir, extraer o adquirir más riquezas. Los internos son las capacidades de trabajo, los saberes, las habilidades, el conocimiento y la creatividad. Pero, ambos factores dependen en buena medida del contexto social. Algunos de los mecanismos que dan origen a la desigualdad se encuentran en el capital cultural y subjetivo[4]. Además de las capacidades, también son factores de desigualdad las titulaciones o certificaciones educativas, el prestigio social o el status, el origen étnico y el género. El análisis de la desigualdad desde la óptica individual tiene varias limitaciones. 1) La primera es que los atributos individuales tienen origen social; son el resultado de procesos históricos del entorno social de las personas como es, por ejemplo, la nutrición, el capital cultural y social de la familia. 2) Las capacidades de las personas se ejercen y valoran socialmente. 3) El análisis individual de la desigualdad muestra a la sociedad como un agregado de personas en un proceso de competencia basado en sus habilidades y destrezas. 4) La lectura de la desigualdad desde esta perspectiva explica únicamente el proceso de apropiación de la riqueza, y deja los procesos de acaparamiento de las oportunidades. En resumen, esta corriente encuentra que la desigualdad es el resultado del acceso a bienes mediante capacidades, habilidades y saberes individuales diferentes. Al tener más habilidades y capacidades, se justifica que ciertos grupos, sectores, se apropien de una porción mayor de los bienes y satisfactores que son producidos por la sociedad. - Desde la perspectiva de la interacción social. Se parte de la idea que dentro de las relaciones sociales la desigualdad se reproduce. En la trama de las relaciones de poder, de las tradiciones culturales, las reglas y el funcionamiento institucional se entrecruzan con las capacidades individuales para incidir en la desigualdad. Esta perspectiva es clásica en la sociología donde autores como Durkheim, Marx y Weber lo abordaron. Más recientemente, se presentan enfoques como los de género los cuales muestran las asimetrías entre mujeres y hombres basadas en el significado y en las relaciones de poder entre los dos sexos. La desigualdad socioeconómica es resultado de la organización social, de la producción colectiva, de la apropiación privada y de la distribución inequitativa de la riqueza. - Desde la perspectiva del análisis estructural. Una tercera lectura, se enfoca hacia el análisis de las capacidades acumuladas de grupos o conglomerados. Por conglomerados se entiende países, municipios, ciudades, instituciones públicas, organizaciones no gubernamentales o empresas privadas. Se considera la capacidad de apropiación de riquezas que tiene cada conglomerado, en términos de propiedades, talentos, habilidades, posicionamiento. Dentro de los factores más comúnmente conocidos que tienen incidencia sobre las capacidades colectivas para la apropiación de riquezas están la capacidad de innovación, la calidad, la escala y las redes de conocimiento. La capacidad que tiene un país un municipio o una institución para acceder a la riqueza es el resultado de la combinación de estos factores. La combinación de capacidades – conocimiento, tecnología, capacidad de gestión, redes – es lo que determina las fortalezas de un conglomerado para acceder a la riqueza. Es más que una competencia económica al intervenir variables políticas, culturales y tecnológicas. Los resultados obtenidos de esta competencia se distribuyen de forma desigual entre las personas, sectores y grupos que conforman el conglomerado. Las estructuras que componen la desigualdad son duraderas, cambian con lentitud, su transformación es posible a largo plazo y como resultado de grandes cambios. Constituyen acuerdos y normas institucionales que regulan los mecanismos para la asignación de ingresos, ganancias, empleos, poder y prestigio entre clases sociales, grupos étnicos, subregiones y los géneros. Este análisis ofrece una visión del conjunto de la sociedad y sus instituciones pero presenta la limitación de no visibilizar las consecuencias de las relaciones sociales y las acciones individuales.
- Factores asociados a su aparición y búsqueda de soluciones
Los factores que se asocian a la desigualdad son varios y conforman un esquema vicioso de reproducción. Los factores y las respuestas están asociados a las posiciones o visiones que se tiene sobre el fenómeno, lo que hace complejo un ejercicio de búsqueda de soluciones. Las sociedades modernas reconocen un conjunto de desigualdades que deben ser reducidas con base a los valores dominantes de esa sociedad. Una sociedad que privilegie la libertad de elección sobre la justicia distributiva propone la oferta de igualdad de oportunidades para toda la población, mientras que una sociedad que privilegia la justicia distributiva pondrá el énfasis en la garantía de derechos para toda la población. Las políticas son el reflejo de la posición que la sociedad asuma[5]. Al asumir que la desigualdad tiene su origen en la organización social y en la apropiación inequitativa de los recursos, se hace una lectura con contenidos políticos que procura, además del cuestionamiento, cambios en la manera como opera la distribución de los recursos. La desigualdad, al estar comprometida con las relaciones sociales, precisa de cambios en la estructura del poder. No es suficiente con ampliar las capacidades y las oportunidades si las relaciones de poder, las instituciones y la estructura social no son transformadas. Si, en cambio, se asume que la desigualdad se resuelve mediante la oferta de oportunidades, no se cuestiona el orden social y se pone el énfasis en la redistribución de recursos. Para algunas corrientes de pensamiento y de programas de acción basta con suplir las principales carencias materiales mediante la atención focalizada e individual de familias o comunidades desfavorecidas. Las acciones contra la desigualdad deben articularse desde todas las perspectivas posibles, vale decir, desde el enfoque individual, de la relación social y estructural. Las acciones se desarrollan, entonces, en tres escenarios: en el escenario microsocial al desarrollar las capacidades de las personas en especial las que han sufrido exclusión y discriminación; en el escenario intermedio, al eliminar formas de discriminación y los dispositivos institucionales que históricamente han favorecido a determinados grupos sociales sobre otros, buscando mecanismos de inclusión y de participación efectiva; y, en el escenario macrosocial al hacer esfuerzos por transformar las estructuras de posiciones así como los mecanismos de distribución de obligaciones y de beneficios, es decir, generando programas y políticas basadas en derechos. Así mismo, se debe poner atención en las condiciones y situaciones previas como es la distribución de los recursos entre la población: qué grupos sociales, poblaciones y conglomerados tienen mejores capacidades y medios para acceder a los bienes. Atención durante la competencia: las reglas, los procedimientos y las interacciones que regulan las oportunidades. Finalmente, atención en los resultados después de la competencia. Desde la generación de capacidades dos aspectos son fundamentales, la salud y la educación. La educación masiva sigue siendo de baja calidad en América Latina, especialmente si se compara con la de otros países. A pesar del incremento de la cobertura en educación, aún existen fuertes patrones de exclusión social y discriminación, que son difíciles de quebrar y que impiden la movilidad social. Las experiencias de otros países sugieren que el modo más confiable trabajar para reducir la desigualdad es promoviendo la inversión sostenida en educación y en salud, pues ambas son el activo productivo más importante que pueden tener las personas. Estudios e investigaciones destacan los efectos de la educación sobre la economía además de estar ligada a desigualdades socioculturales y políticas. En cuanto a las políticas educativas - como medio para reducir la desigualdad - se debe prestar atención a la masificación como una forma de promoción de nuevas formas de desigualdad al estar relacionadas con la baja calidad. El reto de las políticas, tanto de educación como de salud, consiste en alcanzar una cobertura universal con una alta calidad. La posesión de activos constituye un elemento que favorece la desigualdad siendo, por ejemplo, el caso de la propiedad de grandes extensiones de tierras agrícolas por parte de pocos dueños. Un factor clave que explica históricamente la desigualdad tanto económica como política en América Latina y en Venezuela es la desigual distribución de la tierra. Si bien las elites terratenientes no tiene la misma fuerza que en siglos anteriores, la distribución de las tierras aún permanece en posesión de una minoría. En Venezuela, al igual que en muchos países de la región, existen asentamientos rurales con derechos mal definidos o ilegales. Una solución para el problema de la propiedad de las tierras rurales, está en adelantar procesos para una redistribución de los bienes conjuntamente con el fortalecimiento de los derechos sobre la propiedad. Este proceso se puede llevar adelante mediante la redefinición de las posesiones y la redistribución de la propiedad bajo régimen de latifundio. El proceso de redistribución de tierras debe ir acompañado de oferta de créditos, obras de infraestructura y otros servicios de apoyo. Otro elemento clave en la reproducción de la desigualdad es el relativo a las tierras urbanas y a la vivienda. La seguridad de los derechos de propiedad sobre los lotes de terreno donde se construye la vivienda es un elemento vital para los sectores más pobres. En Venezuela un alto número de asentamientos urbanos pobres o barrios populares están ubicados sobre tierras cuyos derechos de propiedad no están claros o no son legales (parques nacionales, lechos de ríos y quebradas, pendientes). Una salida, consiste en la aplicación de programas para la adjudicación de la propiedad de las tierras a los sectores populares, complementada con medidas para regular el mercado inmobiliario y con obras de infraestructura urbana tales como vialidad, servicios básicos, transporte. Adicionalmente, otro factor que está asociado a la desigualdad es el acceso inequitativo a los servicios públicos como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, vialidad y transporte. Algunos estudios[6] señalan que hay una relación causal, que mientras más infraestructura tenga un país menor será su nivel de desigualdad. Los sectores más pobres tienen acceso restringido a la energía eléctrica y al agua como servicio básico. Si bien se establece que la cobertura es general, la frecuencia y la calidad del servicio no son del todo óptimas. La respuesta a este factor se orienta a un mejoramiento en la distribución y en la calidad de los servicios, donde la participación privada puede intentar su incorporación como proveedor o como inversionista al considerar, en especial a los sectores pobres, como un mercado con capacidad de consumo. El caso de la telefonía celular es un buen ejemplo de la participación de los sectores privados de telecomunicaciones. Finalmente el marco constitucional y legal que norma la distribución de los bienes es un aspecto fundamental para la reducción de la desigualdad. - Estado actual en el país
Con cierta razón se afirma que América Latina es la región con los valores de desigualdad más altos del mundo. El coeficiente de Gini -medida que registra la desigualdad en la distribución del ingreso - crece en buena parte de los países de la región desde 1990. Para tener una idea, en los países nórdicos el Coeficiente de Gini[7] gira alrededor del 0,25; en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 0,30 y en América Latina, alcanza en promedio 0,55. Como el ingreso, se observan también disparidades en los niveles de educación, tamaño de los hogares, empleo, vivienda entre otros indicadores. Venezuela no difiere mucho de esta situación.[8] El Coeficiente de Gini de Venezuela en 1981 es de 0,52, veinte años más tarde el indicador varía a 0,41, lo que expresa una leve mejoría en la distribución de los ingresos del PIB. Esta mejoría sin embargo, sigue escondiendo profundas brechas a lo interno del país, que se visibilizan al revisar este mismo coeficiente por entidades y por municipios. Para el 2001, la entidad con los valores de desigualdad más elevados es Miranda con 0,497, lo que se explica por su heterogeneidad interna de sus municipios. Los valores más “justos” los muestra el estado Yaracuy con 0,312 (series 1 y 2). En cuanto a la distribución del ingreso en el país para el 2002, y con base a la Encuesta de Hogares por Muestreo, el diez por ciento más pobre obtiene el 1,4% del total de ingreso de los hogares. En oposición, el diez por ciento de los hogares más ricos percibe el 37,4 % del ingreso total. El 20% más pobre percibe el 4,4%, mientras que el 20% más rico el 54,1% de los ingresos. Es decir la diferencia entre ambos grupos es cincuenta veces mayor (serie 3) Pero como se ha mencionado las desigualdades no se expresan solamente en términos de ingreso, se manifiestan también en el tamaño promedio de los hogares, o desde otra perspectiva el número de personas que de una u otra manera se ven afectadas por esa distribución. El tamaño de los hogares pobres, en promedio, es mayor que los hogares de los más ricos. Esto indica que a menos personas les corresponde más ingresos y viceversa. El tamaño promedio del hogar del primer decil de pobres es de 5,5 personas, el segundo es también de 5,5 y el tercero es de 4,9. Mientras que el tamaño promedio de los hogares del primer decil de los más ricos es de 3,1 personas, el segundo de 3,6 y el tercero de 3,9 (serie 3). Situación similar ocurre con la educación. Las personas mayores de 25 años que viven en los hogares ubicados en los deciles en los deciles más bajos no alcanzan el nivel básico de educación. El primer decil alcanza los 5,1 años de escolaridad, el segundo decil 5,8 y el tercero 6,3. Por parte de los más ricos, alcanzan niveles educativos altos, cuyos valores superan la educación media. Para el primer decil de los más ricos, el promedio es de 11 años de educación, el segundo 9,6 y el tercero 8,7 años. La brecha entre los más pobres y los más ricos es de 5,2 años (serie 3). Las bajas capacidades y oportunidades se ven reflejadas en las tasas de empleo y en el tipo de empleo. Así se tiene que para el decil más pobre, la tasa de desempleo es de 32,4% y la tasa de empleo informal es de 79,3. Para el decil más rico, la tasa de desempleo es de 5,1 y su participación en la informalidad es de 29,4. Más allá de las cifras y en términos cualitativos se podría describir una especie de dualidad, en la cual de una banda se encuentra hogares numerosos con una alta carga de dependientes (niños/as y adultos mayores) con bajo nivel educativo, ingresos bajos y con trabajos precarios. En el otro extremo, hogares pequeños con baja carga de dependientes, con altos nivel educativo, altos ingresos y trabajos en el sector formal (serie 3). La desigualdad de ingresos, demográfica, educativa, laboral se expresa y se ubica en el territorio. Al revisarla a escala nacional o estadal esconde disparidades que se hacen visibles cuando se comparan las cifras por municipio y cuando es posible por parroquias o barrios. La mediana de educación del Municipio El Hatillo (Estado Miranda) es de 11 años, frente a la de Antonio Díaz (Delta Amacuro) que es de 2 años. El ingreso per cápita en dólares ($PPA), para el municipio turístico Diego Bautista Urbaneja (Estado Anzoátegui) es de $PPA 5334, para el municipio Acarigua (Estado Mérida) el ingreso es de 503. En términos demográficos, la relación niños/as menores de cinco años entre mujer en edad fértil muestra que en Chacao (Estado Miranda) por cada 100 mujeres en edad fértil hay 14.4 niños/as, en Antonio Díaz (Delta Amacuro) hay 86,4 infantes por cada 100 mujeres (serie 4)[9]. La desigualdad tiene también su expresión en términos de género. Por ejemplo, las tasas de empleo, de ingreso, de participación política son históricamente más altas que las femeninas, aunque la tendencia es hacia la disminución de las brechas. En 1981, el ingreso proveniente del trabajo captado por la población masculina es $PPA 7.584,17, para la población femenina es de $PPA 1.437,96, lo que arroja una brecha de $PPA. 6.146,21[10]. Para 2001, la situación cambia significativamente, aunque no suficiente, el ingreso proveniente del trabajo es para los hombres de $PPA 5.464.18, para las mujeres es de 2050.42, una diferencia de 3413,76. Esta relación se repite en todos los estados del país, la mayor brecha se registra en el Estado Miranda con una diferencia de $PPA 4.754,62 y la menor en Delta Amacuro con una diferencia de $PPA 1.975,34. [11] - Bibliografia
- Amartya K, Sen. Nuevo examen de la desigualdad
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- Atkinson, A.B. La economía de la desigualdad
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- Banco Mundial. Informe sobre el Desarrollo Mundial, 2000-2001.
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- CEPAL. Capitulo III: Desigualdades demográficas y desigualdad social: tendencias recientes, factores asociados y lectura de políticas.
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- De Ferranti, David. Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿Rompiendo con la historia?
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- Delía, YolandaThais Maingon. La Equidad en el Desarrollo Humano: estudio conceptual desde el enfoque de igualdad y diversidad
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- Magallanes, Rodolfo. Educación laboral, mercado laboral o igualdad social en Venezuela
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- Ortega E., Daniel A.. ¿Por qué la desigualdad importa para el desempeño económico?
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- PNUD. Informe sobre desarrollo humano 1997
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- Pérez Sainz, JP. Algunas Hipótesis sobr Desigualdad Social y Mercado de Trabajo.| Reflexiones Desde Centroamérica
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- Van Parijs, Philippe. ¿Qué es una sociedad justa?: Introducción a la práctica de la filosofía política
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- Ziccardi, Alicia . Pobreza, desigualdad social y iudadanía: Los límites de las políticas ociales
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- Gráficos y Estadísticas de apoyo
- Políticas Públicas
- Instituciones
- Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales
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- Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
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- Departamento de Matemáticas Puras y Aplicadas, Universidad Simón Bolívar
... (Ver ficha)
- Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la UCAB
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- Expertos
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| [1] La desigualdad destaca la manera como se distribuyen los bienes, recursos o servicios entre la población estudiada. El bienestar utiliza el promedio estadístico que es igual a la suma de todos ellos dividida entre el número de sumandos. Es medida que en cierto modo esconde los valores máximos y mínimos de la población estudiada. Si tomamos el promedio de ingreso de tres personas: persona a 200 mil bolívares; persona b 300 mil bolívares y persona c 10 millones de bolívares, el promedio será de 3 millones quinientos mi bolívares, lo que no significa que eso sea lo que cada persona percibe.
[2] PNUD (1997), Informe sobre Desarrollo Humano, Ediciones Mundi-Prensa, Barcelona, España.
[3] Martínez Gómez, Ciro (2006), Vulnerabilidad e inequidad demográfica en Colombia; Evidencia reciente en Población, pobreza, equidad y desarrollo, UNFPA, Sante Fé de Bogotá, Colombia.
[4] Bourdieu, Pierre, (2003), La Distinción. Criterio y bases sociales del gusto, Edita Taurus, México.
[5] López A, Oliva, (2005), Desigualdad, pobreza, inequidad y exclusión. Diferencias conceptuales e implicaciones para las políticas públicas, Universidad Autónoma Metropolitana de México, México.
[6] De Ferranti, David et Alter, (2004), Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿Rompiendo con la historia? Edita Banco Mundial.
[7] Los valores del coeficiente de Gini se distribuyen en un rango de valores que va de cero a 1. El valor es igual a cero cuando el ingreso se encuentra distribuido de igual forma entre todos los individuos de la sociedad, es decir, cuando existe el máximo nivel de igualdad posible en la distribución de ingresos. En la medida que el valor se va acercando a 1, el coeficiente indica el grado de desigualdad existente en la distribución de los ingresos en un determinado grupo social.
[8] Fuente: CEPAL Anuario Estadístico para América Latina y el Caribe 2003 (LC/G.2151-P) Santiago de Chile.
[9] Fuente Atlas de Desarrollo Humano de Venezuela, PNUD-INE 2004
[10] Cálculos Propios
[11] Fuente XIII Censo de Población y vivienda
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